18 de Julio del 2018, o 2118, quién sabe lo que habrá que esperar. San Franco, patrono de España, fiesta de guardar. Playa postclimática en Barbate de Franco; barbacoa transgénica en Aznar del Caudillo o puenting desde la luna en Bilbao de Bahamonde. Nadie se cuestiona la efeméride, es un día sin curro, un día de fiesta esperado. ¿Llegaremos a tal?
Nada es importante, dicen, pero todo tiene su porqué. No es casual que San Ignacio de Loyola sea el patrono de Bizkaia, Gipuzkoa y Lodosa, también es paradigmático. Lo cierto es que en una sociedad presuntamente secularizada como la nuestra, a la mayoría de la gente le importa bien poco la naturaleza histórica del día festivo que ansían disfrutar. Igual da que sea virgen, constitución o Día de la raza. Bastante marrón es trabajar, sino los ricos trabajarían. Festivo y punto.
El futuro es hoy. Vivimos tiempos de interesada ignorancia y consciente pasotismo. Hemos sustituido las conmemoraciones religiosas y laicas en días de culto al ocio consumista, a la fidelidad de las nuevas tribus identitarias basadas en el ocio teledirigido. Especialidades deportivas de élite y sofisticada equipación, jornadas de consumo compulsivo en áreas específicas para ello. Viajes programados, robotizados, hostelería de oscuro lujo pretransgénico o actividades diversas en torno al motor. En general estas son las nuevas misas de nuestros festivos tradicionales. El que no aprovecha el puente para viajar a exóticos destinos o inigualables albergues de ensueño; el que no comparte experiencias decibélicas en torno al coche tuneado o el macroconcierto de promoción bancaria; el que no surfea o escala en el extremo de la equipación más vanguardista al albor de cumbres estercolero, está condenado al ostracismo social, es el raro, el perro verde, el antisistema.
Las arrogantemente llamadas sociedades avanzadas del bienestar se han desarrollado gracias a la narcotización social y la lobotomización intelectual de las masas entre otros factores estructurales. El Sistema ha diluido la lógica lucha de clases por una lucha endógena en la clase trabajadora, fijos contra precarios, y ha triturado el criterio y el conocimiento social colectivo mediante el uniformizante y adictivo consumo compulsivo masivo, todo ello bien combinado con los tsunamis sistemáticos de desinformación sensacionalista.
La histórica e inigualable facilidad de lograr dinero fácil (la tarjeta de crédito permite obtener un bien con un dinero que no se tiene) y el gran contenido conductual de la propaganda consumista son dos de los ejes que han propiciado una clara desafección por lo social, por lo colectivo, por la humanidad. Yo, yo y mi yo cercano, a veces. Ah! sí, los palestinos que pena me dan.
El individualismo extremo unido a la depauperización de contenidos ideológicos de las conductas y citas colectivas contemporáneas (deportes de masas, concentraciones de motos, paelladas gigantes de los records…) propiciadas por el Sistema lleva a las masas a extremar el Síndrome de los Alcántara. Habemos de sobrevivir bajo la premisa del “hijo mío no te metas en líos” genérico de la lógica de la sumisión “al que manda”. Y el que manda es siempre el mismo al margen de la careta electoral. Todas las opciones del Sistema son una. Una suerte de Partido Unico en función de la tendencia de moda anual. Rojo o Azul. Granate o turquesa. Naranja o lima. Pensamiento Correcto y Obligatorio firme defensor del Sistema…eso sí, “con rostro humano”. Algo de fucsia siempre es chic.
Haciendo política ficción no sería raro que dentro de cien años, el 18 de julio, en España se celebre el festivo de San Franco. Quizá hasta incluso en un par de generaciones sería posible plantearlo, tal y como avanza la lobotomía social sistematizada. Por eso, a pesar de que a la mayoría no le importe o no lo sepa, en nuestro pueblo, Euskal Herria, al igual que nuestros políticos del Sistema, todos por igual, veneran en múltiples recepciones reales el valor del incuestionable Trono impuesto como valedor del Sistema, nosotros mismos conmemoramos patronazgos de líderes religiosos, Santos les llaman, de triste y criminal biografía santificada.
Iñigo Yáñez de Oñaz y Loyola, también llamado Íñigo López de Regalde, Eneko para los amigos, se cambió el nombre hacia el final de su vida por el de Ignacio “por ser más común a los de otras naciones o por ser más universal”. Siempre escribió en español y latín, el inglés de entonces, y fue formal, muy formal. Igualico que muchos “ex” de hoy día. (Expces, exetarras, exsocialistas, extrabajadores, excuras, exvascos, exfalangistas, extraterrestres).
Oñacino fue. Defensor de los intereses de la invasora Castilla en Gipuzkoa, y de paso de los suyos propios como mercenario a sueldo de Fernando el Católico y su corte, fué baluarte ante los gamboinos, defensores de la soberanía de Navarra en la Gipuzkoa sojuzgada siglos atrás. Hizo carrera militar en el seno de la Corte Imperial castellana, como otros muchos vascos, navarros, en los siglos posteriores a base de reprimir y masacrar a su gente, a los pobres, a los explotados, a los humildes.
Ignacio de Loiola fue vanguardia en la defensa y creación del proyecto de España. Combatió a los comuneros en Naiara, Najera, y seguido comandó a las tropas que arrasaron a los defensores de la soberanía de Navarra en 1521. Entre 5000 y 8000 navarros occidentales ganboinos, navarros peninsulares agramonteses y bajo navarros continentales, todos ellos vascos, fueron exterminados por más de 38.000 invasores castellanos, dirigidos entre otros por Iñigo de Loiola, años después, Ignacio.
Herido en Iruña en 1521, en la entrepierna en concreto, y quizá por ello, tras “repensar” su pasado militar, nunca se arrepintió de servir a los que masacraron a su pueblo, se hizo “religioso” y entró en el ejército de Dios. Fundó la Compañía de Jesús, cual regimiento cualquiera y fue determinante en su combate antireformista, siendo clave en el triunfo de la Contrarreforma en el seno de la Iglesia Católica.
¡Un crack sí señor! Digno capullo para ser patrono de las tierras conquistadas por el trono español per secula seculorum y guia de la ortodoxia religiosa totalitaria católica.
Pero el 31 de Julio ¡es fiesta! ¡como el 12 de octubre o el 6 de diciembre! Somos españoles queramos o no, católicos queramos o no y San Ignacio Patrono de Bizkaia, Gipuzkoa y Lodosa (y Sanz llevándole flores a la víctima del genocida, Javier de Jasso en la Javierada) también, sí o sí.
A pocos les importa una fiesta de qué, sobre qué o quién, por qué… Vale, pero ¿y si la abolimos del calendario por otra?¡El 3 de diciembre por ejemplo! ¡Qué más da! ¿Seguro?







…horrexegatik, hain zuzen ere, aldatu nuen izena. Ignatius ezabatu eta Eneko hartu.
animo gabirel!!! ta segi kana emoten!!!!!!!!!!!!!!!!!!
oso ondo gabirel, animo ta segi horrela!