Quien recorra la ribera del río Aragón se dará cuenta del importante patrimonio que nos ha dejado la historia de Navarra cómo La iglesia de Santa María de Sangüesa, Santa María de Ujué, que sigue buscando en al lejanía la mirada de doña Blanca en el palacio de Olite, El monasterio de la Oliva y así, siguiendo la misma ruta que siguieron los almadieros por el río Aragón, llegaremos a los meandros de Santacara que aún vigila su viejo torreón.
Posiblemente muchos desconozcan la historia de esta fortaleza ligada al viejo reino y si bien la localidad de Kara ya es mencionada por los romanos como villa, su importancia en la edad media fue mayor de lo que se cree ya que sirvió como defensa de esta parte del reino frente a los que quisieron conquistarlo, protegiendo, junto con otras fortalezas, la frontera cercana al reino de Aragón.
Que secretos guardan esas piedras, de una pared que aguanta misteriosamente el equilibrio, que sin duda es la imagen que identifica a esta localidad ribera.
Ahora bien, nos formulamos la siguiente pregunta: ¿que sería de Santacara si ese torreón que preside el paisaje desapareciera?. Estudiando las fotografías aéreas pudimos percatarnos como las piedras en la parte superior se desplazan y la pared no tardará en resquebrajarse por la parte donde se encuentra su elemento más importante: la llamada buharda, ladronera o balconcillo defensivo que servía de garita y protección. Podemos decir de éste vestigio que es el único de un castillo navarro que se conserva íntegro desde la Edad Media y que no ha tenido conservación alguna como ha ocurrido en otros lugares como el castillo de Javier. Si pensamos en los 100 castillos que tuvo el reino de Navarra nos daremos cuenta que sólo nos queda como resto medieval original esta pared de Santa cara, el malogrado torreón del castillo de Peñaflor en las Bardenas, y algunas ruinas como las de Estaca, Marcilla y Ablitas, cuya fortaleza árabe presume de estar adornada con graffitis de gamberros. Bonito bagaje para un reino que contó con 100 castillos y cuyo escudo preside las galerías del museo del Louvre en Paris. Centrándonos en los de Santacara y Peñaflor nos daremos cuenta que ambos desaparecerán en un corto espacio de tiempo a tenor del estado de sus restos. ¿No es normal que hagamos algo al respecto? ¿Tan costosa sería una intervención en estos dos lugares? En el caso de Santacara hablamos de un estudio técnico y una consolidación de la pared, en su parte más debilitada, como principal objetivo. Quizás tomar prestado durante varios días a los muchos técnicos que reparan los cientos de metros de murallas de Pamplona del siglo XVII. Esta medieval no tiene más de 10 de longitud por 30 de altura. Mientras que la pobre torre de Peñaflor que ha servido de tantas portadas anunciando el misterioso paraje desértico de la Bardena y que debería tratarse con mimo y agradecimiento, sería un revoque de su parte más malograda a la vieja usanza medieval o con las mismas técnicas ancestrales que están debidamente documentadas y con ellos impulsar una consolidación novedosa.
Si estuviera en nuestra mano proyectaríamos para Santacara una intervención más amplia, impulsando un estudio completo de lo que fue el castillo, con una excavación arqueológica que ayude a entender como era, incluso añadiendo una estructura de madera que ayude para acceder a su parte superior y que sirva para ver la panorámica desde allí. Un proyecto destinado a crear una ruta de los castillos que genere visitas, junto con el cercano poblado medieval de Rada, el monasterio de la Oliva y el castillo de Murillo. En definitiva, impulsar el turismo rural en la zona y engrosar más cifras a las que ya maneja el responsable de cultura en sus comparecencias ante los medios para justificar su ya cuestionado puesto.
Pero, y como medida urgente, sólo hablamos de evitar que los únicos restos desaparezcan.


















